viernes, 9 de marzo de 2018

Todo el rato en otro lugar





Qué difícil es permanecer en lo que sucede ahora. ¿Por qué cuesta tanto? A veces resulta casi insoportable estar en lo que es o en lo que interpreto que es y por eso me quiero escapar. A tomarme un café y un cruasan, a caminar muy rápido, a hacer sentadillas o mirar saltimbanqui Facebook. Estaría bien si no pensara que el cruasan me va a salvar de mi misma o que la caminata me va a liberar.

Reflexiono sobre lo que ha supuesto (está siendo) en mi el maternar. Veo ahora en la distancia como fue parir y gestar y acompañar a un ser humano día a día en su florecimiento. De manera exquisita, impecable. Claro que puedo mejorar mi manera de hablar o de comportarme o de mirar, sin embargo, me apetece nombrarlo así, pues colocarte en la entrega y al servicio es algo exquisito.

El primer año de vida en un ser humano, el 1: La unión, la fusión. Dos seres en un mismo cuerpo, una misma necesidad, enfocada en sacar adelante una vida, acompañar a otro ser que eres tú. Estar juntos y amarse. Pegados, tu cuerpo, casa, Hogar, Vida y alimento.

El segundo año, 2. Separación necesaria para vernos, dos miradas, diferentes intereses. Nuevas necesidades y anhelos. La Palabra, nombrar graciosamente lo que sucede y lo que vas sintiendo y experimentando, la explosión del lenguaje, afianzarse y los tira y afloja.

Ahora caminamos hacia el 3 y siento que la dedicación exquisita de estos dos años se va transformando, vuelven a palpitar en mi otras pasiones además de la de ser madre. En el año 1 nada más me importaba, todo mi ser se volvió hacia ella, el resto me parecía accesorio, incluso me molestaba escuchar conversaciones que no girasen en torno al maternaje, no tenía capacidad de escuchar ni atender lo que no fuese ella y yo. Y me parece bien. Decidí penetrar la experiencia y no perderme ni una gota. Exprimir todo el jugo. Ser en primera persona la que cuida, aprender qué es eso de cuidar y entregarme a otro ser humano. Comprender y recordar cómo me cuidaron a mi y la semilla que tímida palpitaba en el fondo. "No puedes dar lo que no te han dado" me dijo una amiga querida. Y a mi me dieron mucho: atención y tiempo y por eso he podido ponerme al servicio. Gracias, mamá, gracias padre.

Vuelve el anhelo que pudo quedar satisfecho por la maravilla de la maternidad, que puede parecer absoluta pero no lo es. Está bien que por un tiempo lo parezca. Camino hacia el 3 y vuelve a sonar en mi la llamada. Es como si se me hubiera concedido un tiempo líquido de transformación, un cuerpo nutricio con recovecos desconocidos, una visión de la realidad un poco más madura, un Hogar con cimientos y estructura, al que hay que ir añadiendo o quitando, según se mire. Crece y madura. Tienes que fortalecerte y ahora...mantén viva la llama y cuida de la vida sin echar leña al fuego. Confía en que la llama permanece pero mírala, recuerda y sé diligente ante la pereza.

Aprovecho el regalo que se me ha concedido de ser madre para conocerme a fondo e ir más allá, un poco más allá de lo que creo ser. O un poco más acá. 

 Detrás del telón, el agua viva, el fuego que calienta y nos mantiene.

La fiebre en ella que amplifica mi neurosis, el miedo a la muerte, lo imprevisible, lo indefinido, resulta ser finalmente una bendición, una oportunidad para entregarme un poco más a la Vida, a lo que Es, a la Realidad. 

¿Y qué podría hacer sino? 




Natalia Navarro

*la que cuida*











2 comentarios:

  1. Natalia, me encanta leerte! Tan precisosa por dentro como por fuera. Un abrazo

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Raquel!
      Qué alegría tu mensaje, me encanta que me escribas diciéndome esto :-)
      Un abrazo grande!

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¡Muchas gracias por tus palabras en mi blog!