miércoles, 18 de septiembre de 2019

LO QUE HACEN LAS MADRES CUANDO NADIE LAS VE







Suena el despertador a las 7.45. Me fui a la cama la última, poniendo a punto el salón para encontrármelo por la mañana ordenado y que mi cerebro pueda estar tranquilo. Antes de llamar a mi hija mayor, me ducho y visto y preparo todo, desayuno, preparo algo para que coma en el cole, lo que necesito para llevarme al trabajo. Todo esto echando un ojo cada dos por tres no vaya a ser que la pequeña se caiga de la cama. Llamo a la mayor, se viste y desayuna, saco a la pequeña dormida de la cama, a la mochila. Sigue dormida por el camino, menos mal. Salimos con tiempo para ir al cole paseando y que sea un inicio de día agradable. ¡Lo conseguimos! Llegamos puntuales :-) Vuelvo a casa, la peque sigue dormida en la mochila, me siento en el sofá y tengo la tentación de ponerme a mirar el móvil pero decido respirar y observar mi cuerpo mientras sigo siendo su cama, las dos pegadas, respiración acompasada. Penetro el instante. Se despierta, cojo lo necesario y salimos otra vez hacia la consulta. Preparo todo para recibir a las personas que vienen a terapia. Mi suegra se queda con M mientras yo trabajo. Al salir voy pitando al cole a por la mayor, por el camino M se vuelve a dormir y yo subo cuesta arriba con ella y empujando el carro que me he llevado para que Abu pueda pasearla (Abu no está para trotes aunque ya quisiera yo su vitalidad cuando tenga 75). Recojo a la mayor, salimos tranquilamente del cole, juega con sus compis, bebe agua en la fuente grial, se mojan, se ponen el babi de capa, se enfadan, quiere irse a casa de su amiga, etc. Bajamos la cuesta, llegamos a casa y pongo música de " sonidos de la naturaleza" M ya se ha despertado, poco antes de llegar a casa y nos sentamos las tres en el suelo. Bien, tranquilas, hasta que M empieza a trepar por mi espalda, H se enfada porque no sabe montar un camión que acaba de desmontar. Yo tampoco sé. Una por arriba, otra por abajo, menos mal que suenan los pajaritos. Vamos, que viene Abu para llevarte al cole (jornada partida). Llanto, no quierooooooooooooooooo, a pesar de que ella misma se lo había pedido el día anterior. Se nos echa la hora encima y aún no ha comido. Suerte que la comida está lista y es de su agrado. Cole por la tarde. Mientras, me tumbo con M y le doy teta a la vez que escribo en IG. Se duerme y yo lo intento pero no puedo, al menos me relajo un poco. Ah, anoche me desperté 4 veces por lo menos, a atender a ambas, cada una su necesidad. M toma teta cada tantito. Aprovecho que M duerme para escribir en el blog. A los pocos minutos se despierta. En un santiamén pongo la almohada a modo de mesa, ella encima de mi a la teta y continúo escribiendo. Falta media hora para que salga la mayor del cole y voy a por ella. Lo que sigue es que iremos al parque un buen rato. Hay que aprovechar el sol y las buenas temperaturas, que juegue, disfrute. Cuando llegue su papi, quizá me voy a trabajar un rato a casa pero hay que hacer la compra y cocinar para cenar y comer al día siguiente. Y jugar y ordenar en casa. Y contar cuentos. No dejo de dar teta durante todo el día. En algún momento haré hipopresivos y sentadillas, no sé si hoy me tocan pesas. A estas horas aún no he comido, menos mal que mi suegra nos invitó a un buen desayuno con tortilla francesa y café. Son las 16.30h.
Un ejemplo de un día cualquiera. Amamantando constantemente, mi cuerpo disponible y entregado a otro ser que me necesita para sobrevivir. Y mi presencia (también mi cuerpo pero ya a otro nivel) disponible para una niña de 4 años que está aprendiendo a regularse emocionalmente (¿sabemos los adultos?) y necesita a una madre y un padre lo más despiertos posibles. Estas últimas líneas las escribo cuando son las 23.17, se acaba de dormir M. H un poquito antes. Se dormía encima del plato en la cena y se fue corriendo a la cama porque tenía mucho sueño. Pero al contar el cuento de las 3 sirenas dijo que ya se le había pasado el sueño y que tenía mucha hambre. Paciencia, entrega, atención. ¿Cómo ir regulando mis emociones?, ¿cómo lidiar con el cansancio evitando que me haga reaccionar más de lo que me gustaría y peor?
A veces lo más sencillo es lo que mejor nos funciona. Gracias Clau. Mirar sus manitas, la inocencia y pureza de sus intenciones. Recordar que dentro de poco echaremos de menos esa particular manera de ser de la infancia, con su caos, la diversión, el asombro que la acompañan. Aprovechar cada situación para dar lo mejor de nosotras, yendo más allá de las demandas de nuestro propio ego, sin dejarnos someter por él, haciéndole un guiño: esta vez no. Ayudo a cortar unos pimientos para la comida de mañana y continúo. Lo hago porque hoy sí, el escritorio está despejado y tengo espacio para sentarme a escribir. La limpieza y el orden también me abren el espacio interior necesario para inspirarme y sentir paz. Son las 23.32, tengo ojeras, bastantes cosas pendientes y la sensación de haber vivido un día de verdad. Una vida de verdad. Me asomo a mirarlas, en un rato me uniré a ellas y me despertarán, una y otra vez para seguir alimentando a la vez que yo alimento mis noches con el silencio, los masajes que me doy en la cara, mis manos calientes en mi vientre recordando cuando había vida dentro de él. Y si se me concede, la gratitud por el día vivido. Un día de verdad. Ya me llaman. 23.38. ¿Dónde empieza y dónde acaba tu día?

lunes, 17 de junio de 2019

El arte de la Madre


 
 
 
Ese ser con los sentidos amplificados. Atenta a lo que sucede, posando sus ojos amorosos en sus crías con sonrisa en su corazón. Ese ser con habilidades extraordinarias para organizar el día a día, para encontrar en los espacios que la Realidad abre milagrosamente, un momento para estirar su cuerpo, a la vez que lo da a su hija para ser su tobogán y evita que la bajada acabe en choque con otra niña. 

Ese ser que vela día y noche por el bienestar, atenta, no alerta, para salvaguardar también su salud. Que ofrece buenos alimentos y descanso y espacio amable para el juego a sus crías. Que planea salidas o excursiones divertidas para todos. Que se esfuerza cada día en cambiar su energía enfadica por alegría. La madre es ese ser que hace malabares para llegar a todo, incluso puede, teniendo ya varias crías formarse y apostar por su trabajo propio; su confianza aumenta porque sabe lo que es parir y gestar y eso es en sí un milagro, ¿qué puede resistirse a una madre que con la ayuda de lo divino y lo humano, la Vida, teje redes de amor para su familia? Esa red de amor, o más bien, ese hilo fuerte que nos va uniendo poco a poco, nos enlaza, nos reúne, nos conecta.

No idealizo la maternidad, sin embargo, quiero ensalzar sus dones, en el sentido de alabar, mostrar mi admiración. Yo admiro a las madres y me quito el sombrero a su paso. Porque las veo cada día y me veo a mí misma. Madrugar para cocinar, ir al colegio a llevar a algunos de sus hijos, regresar y seguir cuidando de los otros hijos, hacer la compra, limpiar, pensar e idear su trabajo, ofrecerlo al mundo, llamar a las puertas, dar teta o sacar leche en los 5 minutos de descanso del trabajo, volver a casa después de una jornada laboral de 8 horas, o 9 y seguir trabajando en el Hogar que es lo más complicado porque te requiere atenta, presente y eso supone hacer un trabajo interior de indagación, autoconocimiento, preparación a la Vida. Las madres también enferman pero si su familia no está cerca no pueden descansar y tienen que seguir cuidando y gestionando el Hogar. Sin fuerzas, con fiebre, vomitando, etc. podrán buscar esos espacios milagrosos en el tiempo y sus hijos siguen reclamando porque para los hijos, en los primeros tiempos, la madre lo es todo. Claro que el padre puede ayudar y es imprescindible, o la pareja pero a veces la madre está sola. O las hijas sólo quieren estar con mamá. La necesitan.

Me quito el sombrero a su paso, son leonas fuertes que protegen a sus crías y les dan el espacio necesario para crecer, siempre observando atentas a sus necesidades, a la vez que tratan de afinar el modo de satisfacer las suyas propias. Cuidarme para cuidar, con toda la amplitud del verbo. Y cada mujer sabe qué necesita y el modo en que lo puede lograr. 
 
El arte de la Madre consiste en saber danzar, estar a la escucha, permitir la expresión aparentemente caótica de la infancia y entregarse. Cuando tus hijos despliegan su juego y uno pide jugar mientras el otro reclama su teta, el tercero quiere dormir, cada cuál con su tempo y ritmo. Es un arte danzar esos ritmos sin caer en el desasosiego, el estrés, sin adentrarse en el caos y ser arrastrada por él. El arte de la Madre consiste en tolerar el caos y esperar pacientemente la calma que le permite encontrar unos minutos para ella, muy provechosos, mientras una duerme y la otra está concentrada, en silencio esta vez, pintando huesos de albaricoque.
 
En los momentos de caos es fácil perder los papeles, sobre todo si tienes más de un hijo. Y no encuentro cosa mejor que danzar al ritmo de la infancia, escuchar sus sonidos, observar sus gestos y movimientos y ponerte tú en el centro: escuchar tus sonidos, qué dice tu mente, qué siente tu corazón, cómo se expresa tu cuerpo. Ponerme en el centro y a la vez echarme a un lado para dejar que suceda la Vida sin control. ¡Sí! La Vida no depende de nosotros. Qué gran experiencia y aprendizaje abrirse a la Vida, escuchar y confiar en que todo tendrá lugar en el momento oportuno. Es cuestión de fe.
 
Y a mi cada día me falla la fe. Se me tambalea. Tengo que recolocarme, hacer un esfuerzo grande para estar al servicio con un cuerpo disponible y sin dolor y para ello he de comer bien y moverme. Estirarme y fortalecer mis músculos. Diría yo que se necesita una buena estructura mental y corporal, que sujete, que sostenga y mantenga. Una actitud de asombro y apertura a la vida. De gratitud. Un cuerpo firme y a la vez esponjoso. Una mirada clara y diligente. Que apunta a lo alto y a la vez se posa en cada gesto cotidiano: lavar las manos de tu hijo, dar la mano a tu hija mientras caminas, cambiar un pañal, mirar el pie diminuto de tu bebé, peinar su cabello, mirar lo que ella o él mira. Tocar la tierra con la que juegan en el parque. Meter la ropa en la lavadora, recibir a tu amado con un beso. 
 
¡Qué gran escuela esta de la Maternidad! Si dejas que penetre por cada poro de tu piel y aprovechas cada oportunidad cotidiana para mirar al cielo y encontrar el sentido que tiene ser Madre. El Arte de la Madre nos guiará para seguir haciendo la vida más bella y florida. Ojalá.
 
Natalia Navarro

 

viernes, 7 de junio de 2019

Atender todo


Atender todo lo que es



Amamantar a un bebé recién nacido, de meses, requiere poner todo tu ser a su disposición. Entregar tu cuerpo y tu alma. A veces, mientras doy teta a mi hija, aprovecho para responder algún mensaje o cotillear Facebook y siento que no me gusta. Me permito esa forma de alimentar, claro que sí, porque no consigo estar atenta y presente durante 24 horas al día. Pero me gustaría. Cuando lo estoy, mi alma descansa. Y eso lo noto y mi hija también.

Cuando alguien requiere de ti tanto es fácil en algún momento ( o muchos) querer salir corriendo, casi sin darte cuenta, a hacer todas las cosas que tienes pendientes. Y es que, ¿qué supone entregarse a otro ser humano?, ¿cómo hacerlo sin perderse a una misma?

Me he levantado para traer junto a mi unas ramas de lavanda que ayer cogimos mi hija y yo y las hemos puesto en agua. Me fascina la lavanda, su color, el olor que desprende...

Y regreso a la pregunta, ¿cómo entregarse a otro ser humano sin perderse a una misma?, ¿cómo dedicarse a lo de una si el otro ser humano, tu amado hijo, tu amada hija, te necesita para vivir?

La lavanda me ayuda a volver a mí. Es un arte el maternar y una ventana hacia el océano del Amor. Si estamos atentas. Siempre se requiere la atención. Para estar atenta necesito estar a una sola cosa: ¿¿cómo?? Con todo lo que hay que hacer: emprender, traer dinero a casa, poner lavadoras, limpiar, comprar, llevar y recoger a mi hija del colegio, jugar, acompañar en el baño y dientes-pis-cuento-dormir, etc. cuidar de la más pequeña, cambiar pañales, tomar el sol.
Estar a una sola cosa. ¿Qué quiero en mi vida? Deseo conocerme. Liberarme de neurosis y encarcelamientos. Estar alegre (nada de pensamiento positivo y mensajes de amor abstracto)ser feliz. Ofrecer a mis hijas una buena educación y mejor ejemplo. Todo ello se resume en mi deseo de conocerme. Este deseo acoge en su seno a todo lo anterior. Sin conocerme seguiré mona saltimbanqui y no podré llevar a mis hijas a beber de la fuente de Agua Viva. 
Y si tengo este deseo ¿por qué sigo escapando?,¿por qué en el fondo tenemos miedo a conocernos? En nuestro interior habita todo. Y habitamos todas las que somos, con un poco de suerte, todas las que somos estamos más o menos ordenadas y localizadas. Este es un primer paso, generar espacio para que cada una se exprese y pueda vivir en su lugar, dar a cada una el lugar que le corresponde y apelar a la parte más sabia para que organice y se ocupe del Hogar interior.
El Hogar interior necesita mucho amor y mimo, el olor a lavanda, las miradas de aceptación, el compromiso con el orden, la alegría de vivir. Cambiar la mirada ayuda a que el polvo se vaya limpiando, los trastos se tiren a la basura, se de luz a rincones que estaban ahí inutilizados y ahora desean brillar.

Y es entonces, al cambiar la mirada, que descubres que maternar no pesa tanto, que la danza de amor entre madre y bebé es perfecta y necesaria. Que la madre necesita a su bebé y el bebé necesita a su madre. Y entonces entregarte no duele tanto porque también has entregado a otros responsabilidades que se pueden compartir. Y has aprendido a centrarte en lo esencial. Y te has quitado de encima ( o en ello sigues) "deberías", "tengo que", "y sis"...
Cambiar la mirada es girarla en realidad a tu corazón para descubrir ahí quién eres y qué deseas aportar a la Vida. E ir desechando poco a poco lo que no eres y aquello que te aleja de la fuente de Agua Viva.

Lo que no somos es lo que nos pesa, no la maternidad. Lo que no somos es lo que nos desgasta, lo que nos roba tiempo, lo que nos aleja del amor.

Natalia Navarro
"La que cuida" 


lunes, 13 de mayo de 2019



POSPARTO MAYO

7 de Mayo

🌹Cuando nació mi primera hija, mi energía estaba "desparramá" con acento en la a que no me deja poner el móvil. Desparrame, No encuentro una palabra mejor para definir como me encontraba la mayoría del tiempo. Hoy siento que mi energía está más enfocada, que va más en una línea aunque aún lejos de estar unificada.
¿Por qué me desparrame? Poned el acento que parece que esta palabra no la reconoce pero es la mejor para hablar de mi estado interior de aquellos tiempos, en 2015, 2016, 2017...cuántos años...

💮Siento que la maternidad me abrió de cuajo y nunca mejor dicho porque además mi hija, tras intentar todo lo posible para un parto natural y en casa, nació por cesárea. Primer aviso. Esto no va de lo que tú quieres, sino de lo que la vida, la Diosa, lo Real, quiere para tu vida. Lo necesario para tu maduración. Ahora, visto desde la perspectiva de casi 4 años por delante, es más fácil de pronunciar pero me costó lágrimas, mucha frustración y sensación de desvalimiento. Me desparrame porque nacieron junto a mi hija muchas Natalias dormidas. Qué despliegue, había que escucharlas pero era imposible hacerlo atendiéndolas a todas y a un bebé recién nacido. Rabia, miedo, frustración, congoja, fuerza, ternura, alegría.
🌹Mi segunda hija nació como un rayo, quizá como Anunciación de la energía ( mensaje, enseñanza) que ella traía. Vino decidida: primera contracción a las 2.30 y la vimos salir de mi cuerpo ( esta vez por la vagina y sin ninguna droga interfiriendo, Qué bendición) A las 6.17. En total, menos de 4 horas de parto.
Decidida, valiente, entregada. Ella y yo. Tenía tantas ganas de parir, que lo hice como leona. Y mi hija nacía tranquila, confiada, dulce, como ella es.

🐯Gracias a todo el trabajo y camino andado con mi amada hija mayor, puedo sostener como lo hago a la dulce María. Qué fácil me lo está poniendo esta vez. Y estoy más centrada en mi. Eso a veces me hace sentir culpable pero enseguida, hablando con otra madre sabia (gracias Najmah por hablarme de la diferencia entre estar alerta y estar atenta) recuerdo que es mejor así. Que estar atenta a mí es imprescindible, que mis hijas y mi Hogar, me requieren centrada, fresca, alegre, unificada. Que dentro y afuera es lo mismo y que lo que se va presentando en mi vida, tiene que ver conmigo, claro que sí, por lo tanto, voy con ello, a seguir aprendiendo quién soy yo y qué se requiere de mi.
🐝🌻Al servicio🐝🌻

sábado, 27 de abril de 2019

Mi consulta de PSICOLOGÍA en Madrid



En la Calle Torquemada 10-Bajo. Madrid

Distrito Hortaleza
Zona Nordeste
Mar de Cristal-Canillas





PUERPERIO de enero a abril





Hoy es la primera vez (un mes después, la segunda vez que lo intento) que me siento delante del ordenador a escribir desde que nació mi hija. Está dormida en mi pecho y me he construido una especie de trono para escribir sin destrozar mi espalda. Hasta ahora iba compartiendo mis reflexiones en la página de Facebook. Me resultaba más sencillo escribir con una mano en el móvil, mientras la tenía en brazos o daba teta, las inspiraciones que me venían con su llegada. Las reúno todas aquí, no quiero que se pierdan.


21 de enero 2019

Tengo pendiente escribir la experiencia de mi parto y lo bien acompañada que me sentí de mi marido Rodrigo y mi Doula Tatiana. Con su impecable presencia, estuvo sin estar. Atenta a todo, silenciosa, dándome agua y zumo justo segundos antes de pedírselo. Quiero hablar de las bondades de la Doula. Mi Doula. Pero ahora estoy cambiando pañales, dando teta sin parar y aprendiendo a ser madre de dos soles.

28 de enero 2019


REFLEXIONES DE UNA MADRE EN EL VIAJE PUERPERIO
🌳💛🕊La Madre entrega su cuerpo. Abierto, disponible, acogedor, blando para adaptarse al bebé.
No siempre están los cuerpos disponibles, por eso, la madre necesita respirar y ser maternada para así volver al equilibrio necesario entre ella y su criatura.
Quien lo probó, lo sabe.🐎🐺

Natalia N.

29 de enero 2019
REFLEXIONES DEL VIAJE PUERPERIO:
Para nutrir a mi hija necesito hacerlo yo primero. Nutrirme. Apaciguando mi alma para estar disponible. Me ayuda mucho leer a Mardia, madre de 5 hijos.
Ella me recuerda lo valioso de estar a lo que nos concierne, de ponernos al servicio de un Otro. De cambiar pañales para encontrarnos con lo Real. Con Dios. Leerla me despierta las ganas de ser buena, como dice Pablo D'ors en el prólogo de su último libro " Cómo Santa Teresa me acompañó al sufismo"
Mardia despierta mis anhelos más profundos. A veces también me enfada. La rebelde que habita en mi no quiere dejar su lucha. Pero hoy soñé con Alaska. Que se retiraba y entiendo que mi Alaska interior, de algún modo, debe decir adiós.
Así que leer a Mardia me ayuda a estar más presente, a ser más amorosa. Leer a Mardia me nutre para nutrir.
Gracias Mardia.

31 de enero 2019
REFLEXIONES DE UNA MADRE EN SU VIAJE PUERPERIO 🕊🌷🏠🍃🐐
Hoy te he hecho una cuna con mis brazos.
Pegadita a mi visualizaba cosas hermosas de color azul. Te enviaba mi amor, susurraba y besaba tu moflete colorao. Tu respiración se iba calmando y tu cuerpito entregandose a mis brazos, a la vida. Qué hermoso comprobar lo sanador que resulta el amor. Para ambas.
Me siento llena de gratitud, la siesta que me eché ( milagro) ha ayudado. Pero también y sobre todo, rezar. Mucho. Pidiendo vivir una vida más auténtica y centrada. Y un amor que me permita ver a mis hijas tal y como son. Ojalá.

7 de febrero 2019
AMAMANTAR: Cubrir con tu manto de amor a tu bebé.

13 de febrero 2019

REFLEXIONES DE UNA MADRE MIENTRAS OFRECE SU CUERPO A SU HIJA PARA QUE DUERMA FELIZ:
💚💫🐆Tener hijos es un camino hacia la excelencia. Si los amas, tienes que revisarte de arriba abajo. Y esto supone trabajar duro para ser más paciente, empático, comprensivo. Estar atento, disponible. Renunciando muchas veces a las apetencias de tu ego. ¿ Quién puede hacerlo? Hace falta mucho amor, Amor con A mayúscula ( como dice Rafa Millán en su último vídeo con Mardía)
🔹Y tener una visión amplia hacia la infancia. Limpia de prejuicios sobre lo que es o no es un niño. Sobre lo que hace o debería hacer. Y crear un Hogar cálido y lo suficientemente bueno para florecer, desplegarse y aprender a confiar en la vida. ¿Cómo se construye este Hogar de Paz y Amor? En ello estamos. Recordando también que la Casa está en el Corazón y donde está tu tesoro está tu Corazón.
Natalia N.

20 de febrero 2019
Tener a un bebé en tus brazos te transforma a cada instante. Y te enseña a vivir. Me sorprende cuando me dicen " así se va a acostumbrar" ( que frase tan manida) " si le das teta cada dos horas, se va a acostumbrar", "así, todo el día en brazos, tú no puedes hacer nada" . Y entiendo que pueda resultar abrumador. A mi a veces me lo parece pero es justamente ese el aprendizaje. Ya tengo la experiencia y sé que va a durar poco: ¿ Qué suponen dos, tres años en una vida entera?
Mi hija, todos los bebés, tienen que acostumbrarse al amor, a que hay alguien que vela por ellos siempre. Día y noche. Tiene que sentir seguridad y saber que va a ser alimentada cuando lo necesita. Arropada y mimada siempre. Cerca de mamá, de su olor, su calor. Su mirada amorosa. Sus palabras...
Sólo así podrá comprender que ella es importante, que su vida cuenta y es tomada en serio.
Qué pena que la sociedad entera no esté puesta al servicio de la maternidad, en los primeros años, fundamentales, de vida de un ser humano.
Claro que cuesta no tener tiempo para otras cosas, sobre todo cuando no hay quien sostenga la logística de un hogar (al menos harían falta 3 adultos para un bebé)
Tener a un bebé en tus brazos te transforma a muchos niveles. Y cuanto antes aceptas que te necesita en cuerpo y alma, cuanto antes dejas de luchar para evitar la maduración personal que entregarse al otro supone, antes descansas y aceptas. Y cuando aceptas, las aguas se amansan. El hogar reluce. Tus ojos se calman y el cuerpo puede ser la Casa que tu amado bebé necesita.
Y Ojalá se acostumbre a ella.

12 de marzo 2019
En este puerperio me lo estoy montando bastante bien: mucho solecito para estar alegres, lecturas y vídeos de mujeres inspiradoras. Paciencia. Mi hija mayor poniéndome los pies en la tierra. Mujeres queridas con las que compartir mis días oscuros. Creo que ya podría volver a embarazarme.


25 de marzo 2019


🌱🔹En los primeros días tras el nacimiento de un bebé, la atmósfera del hogar es sutilmente diferente. Como si el amor envolviera a madre e hija y todos alrededor pudiesen beber también de ese amor. Esto que está explicado en términos de fisiología y apego, a mi me gusta expresarlo de un modo más poético.
Madre y bebé necesitan estar juntos y amarse. Cuerpo a cuerpo. Oliendose , saboreándose , mirándose.
Cuánto más cerca, más amor. Si se da la disposición necesaria, si la madre está acompañada de personas sensibles y atentas a lo que está sucediendo. Si se le permite entregarse en cuerpo y alma a su bebé.

Esta atmósfera se va transformando, recuerdo ya con anhelo los primeros días de fusión, como si fuésemos el mismo cuerpo, mi bebé blandito adaptándose a los recovecos de mi cuerpo, yo, adaptándome a sus necesidades. Olvidándome de mi para ponerlo en el centro y así seguir la danza del amor, estando yo sin estar, poniendo lo más auténtico de mi. 🔹🌱
Continúa...
Natalia N.


8 de abril 2019


🌱🔹En mi primer posparto el mundo se paró. Prácticamente no podía hacer nada que no fuese mirar a mi bebé. Y esto no duró unos meses, duró años. Ahora lo veo con mayor claridad. Además del embelesamiento, vivía cierta parálisis en algunos ámbitos de mi vida. Porque tenía miedo y el miedo paraliza y colapsa y me sentía muy sola. Desvalida y triste. También se daba en mi la fuerza, el coraje y el amor necesarios para criar.
Esta vez el mundo no se ha parado, sucede como una continuidad entre mi maternidad y las otras cosas que quiero expresar en la vida. Hay en mi mayor confianza y fuerza y en gran medida se debe al buen parto que tuvimos, como leonas. También la experiencia de 3 años y medio como madre ayuda, la transformación que ha tenido lugar en mí gracias a acompañar a un ser humano a ser humano. Y gracias por supuesto a la red maternal de mujeres que se ha tejido en este tiempo. Mi marido es otro pilar fundamental.

En mi primer posparto nació la madre en mi o se despertó, con todos los movimientos de ese océano. Afloraron memorias para ser sanadas.
En mi caso me acompañó un miedo a la muerte demasiado visceral. A la muerte de mi bebé. Sabe Dios si por mi propia experiencia de bebé al nacer cuando el médico espetó: "Lo que venga, viene muerto"
Tuve que fortalecerme. Pero no con esa fuerza de mentira que niega la vulnerabilidad y esconde la sensibilidad, sino con una fuerza grácil para abrazar y acoger al bebé que en mí vive y que yo soy al tiempo que acuno en mi pecho al bebé que de mi cuerpo nació.
Mi hija está llena de gracia y me pone fácil el camino. La mayor me coloca firme en la tierra y así sigo, criando, mientras camino, leo, trabajo y vivo. 🔹🌱










martes, 20 de noviembre de 2018

Hacia ti



Foto de mis talleres de "La chispa de la infancia", asomándonos al misterio del océano. 


Ya se aproxima el tiempo. El tiempo de conocerte, de descubrirnos. Saboreo las semanas últimas contigo dentro. Y sonrío. Siento la gracia y la dulzura que supone gestar, soy afortunada, lo sé, no siempre puede vivirse así. Lo atesoro en mi corazón, lo vivo como un regalo del cielo. Y doy gracias. 

Estas tardes de otoño me vuelven también a mi otoñal y hacia dentro. Escribo mientras susurra el viento y las hojas se mecen y hablan. La lluvia cae y el corazón se impregna con sus gotas. Me dejo mojar, dejo que mi cuerpo se abra a las maravillas que incluso la ciudad me ofrece, cuando estoy atenta.

¿Qué me recuerda este tiempo? Todo es incierto y el parto está rodeado de universos de posibilidades. Sólo puedo elegir quién me acompaña y dónde. El resto, sabe Dios. Y así está bien. Lección de vida para recordar la entrega necesaria, la apertura. De cuerpo y corazón. Cuerpo y corazón sólo uno. La misma cosa. Cuando estés naciendo, sólo podré ponerme al servicio de la vida. ¿Y si duele demasiado?, ¿ y si algo se tuerce?. Al servicio. Con la actitud necesaria para abrirte paso y a la vez, abrirme yo paso. ¿Quién seré yo esta vez cuando nazcas?, ¿y mientras naces?, ¿podré amamantarte igual de bien y fácil que a tu hermana?. Sabe Dios. 

Me siento calmada. Serena. Como las hojas otoñales que se mecen y caen del árbol asumiendo su destino. Caer. Morir. Renacer. A veces me inquieto, bastante, y me desvelo. Me pongo a planear, a imaginar, ¿y si hago tal cosa para sentirme más segura?, ¿y si esto sale mal por no haber hecho tal otra?. Agota. Tratar de controlar agota y te aleja de la verdad. 

Pariré como tenga que parir. No puedo no parir, ir en contra de lo que Es. Que la instancia, la mujer, la parte de mi que sabe parir, sea la que se ocupe. Que el miedo se coloque a un lado. Para no empañar. Para dejar que suceda la vida. Que la Madre y la Hija se encuentren y se miren. ¿Podré amar tanto a otro ser?, ¿sabré dar a cada una lo que necesita y merece? Amar es atender. Dice Pablo D'Ors. Atender al otro de manera que puedas escucharle (escuchar es un milagro) y percibir qué necesita, quién es. 
Amar a un bebé suele ser muy fácil. Su olor, la textura de su cuerpo, toda la naturaleza dispuesta para el amor. Para amarnos y atendernos. El reto es seguir amando a otros a pesar de ser diferentes a ti, pensar diferente, sentir diferente, mirar la vida con diferentes gafas. Amar es respetar. 

Ya se aproxima el tiempo. Aún queda y ya no queda nada. Mi rostro se vuelve hacia el parto, camino hacia el final del túnel. A tu encuentro, mi amor. 


Natalia Navarro 
"La que cuida"

20/11/2018