lunes, 30 de junio de 2014

Anhelo








El anhelo me acompañaba desde siempre. A veces en forma de insatisfacción, otras en forma de tristeza, de amarga o dulce melancolía, de rabia, frustración. Todo es la misma cosa, con más o menos intensidad. Buscaba satisfacer mi anhelo fuera de mí, preguntando a otros cómo se hacía, leyendo a otros, viajando a cualquier parte, siempre fuera de mí. Tengo la sensación de no haber empezado a vivir sino hasta hace muy poco tiempo. Mientras tanto, las experiencias no tenían color, ahora puedo saberlo. No habitaba mi cuerpo, mi alma no me habitaba. Vivía zarandeada por los vientos de los días. Sólo cuando me atreví a comprometerme conmigo misma y con lo divino, empezó la Vida.

Hizo falta que diese valor a mi anhelo, que dejase de negarlo. Fue necesario volver la mirada hacia dentro, emprender un viaje de vuelta hacia mí misma, en lugar de postergar el gran viaje hacia Ítaca con excursiones distraídas y vacías.


Cuando me comprometí con mi deseo, con lo que era para mí, la Vida comenzó y empezaron a brotar un camino espiritual, un matrimonio, conversaciones hondas, miradas profundas, otros anhelos como el mío, la esperanza, la confianza en la Vida, el Amor, la chispa...En el frío invierno de la sierra yo vivía noches de verano. La comida es más sabrosa y nutritiva, el aroma de las flores penetra en mí, mi olfato se abre, mi corazón se abre al girar, al permitir un espacio a mi anhelo, al reconocerlo como algo valioso. La joya que pende de mi cuello ya tiene donde descansar. Ya no me la arrebatan como en el sueño, yo la quiero ofrecer. 

 Gracias a ella por ser un puente de Amor hacia el Amor. Gracias a ti por ser mi compañero, por saber y querer comprometerte conmigo y con algo que está más allá de nosotros mismos. Ojalá sepamos Vivir.

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